Fotos Karen Londoño Muriel
La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) San Fernando, ubicada en el sur del Valle de Aburrá, celebra 25 años de operación con un hito clave en su evolución: ahora es una biofábrica. Desde su inauguración, ha tratado más de 1.000 millones de metros cúbicos de aguas residuales provenientes de Medellín, Envigado, Sabaneta, Itagüí y La Estrella, contribuyendo al saneamiento del Río Medellín y la calidad ambiental de la región.

¿Qué es una biofábrica y cómo impacta el medio ambiente?
La nueva biofábrica San Fernando no solo limpia el agua residual, sino que aprovecha los subproductos generados en el proceso de tratamiento. Según León Arturo Yepes, subgerente de Operación y Mantenimiento Alcantarillado de EPM, esta evolución permite:
- Generar energía y biogás, que es inyectado a la red de gas domiciliario.
- Producir biosólidos para mejorar suelos agrícolas y promover prácticas sostenibles.
- Reducir contaminación y mejorar la oxigenación del Río Medellín, beneficiando la biodiversidad de la zona.Gracias a esta modernización, el río es más limpio, más oxigenado y de mejor calidad, fortaleciendo su papel como eje ambiental y de desarrollo para la ciudad.

Un esfuerzo articulado con la transformación urbana
La PTAR San Fernando recibe dos metros cúbicos de aguas residuales cada segundo, ayudando a EPM a tratar el 93% de las aguas servidas del Área Metropolitana junto con la PTAR Aguas Claras. Este esfuerzo no solo beneficia el medio ambiente, sino que también impulsa el crecimiento de Medellín como centro de comercio, turismo y eventos culturales.
Yepes destaca que esta transformación ha permitido que el Río Medellín se integre más a la vida de la ciudad: desde los alumbrados navideños hasta los recorridos de los silleteros, el río se convierte en un espacio clave para el desarrollo y la identidad local.

El futuro de la biofábrica San Fernando
La evolución de San Fernando responde a las crecientes demandas ambientales y urbanas. Santiago Wilches, gerente de Acueducto y Alcantarillado de EPM, señala que la expansión del territorio exige soluciones innovadoras para el tratamiento de aguas residuales, por lo que el reto es seguir modernizando la biofábrica con nuevas tecnologías.
El compromiso de EPM es claro: garantizar el saneamiento ambiental y adaptar su infraestructura al crecimiento del Valle de Aburrá, asegurando sostenibilidad y eficiencia.






