Don Francisco Ángel de la Calle: poder y patrimonio en el Envigado colonial

Por Edgar Hernando Restrepo Gómez*
Imágenes recreadas con Inteligencia Artificial, a partir de fotografías. Proporcionadas por el autor.

En la historiografía colonial de Envigado existe un vacío sobre sus inicios y los protagonistas más decisivos para su desarrollo histórico. Entre ellos se destaca don Francisco Ángel de la Calle, patriarca del apellido De la Calle y figura clave en la consolidación temprana del territorio envigadeño, a principios del siglo XVIII.
Su importancia histórica está en la articulación de tres dimensiones: su inserción en redes familiares de élite; la acumulación de patrimonio mediante la explotación de tierras y minas y su participación en los comienzos del centro urbano de Envigado, el 16 de abril de 1776, a través de la construcción de viviendas alrededor de la plaza principal.

Origen familiar y alianzas de élite

La red familiar que dio origen al estatus social y económico de don Francisco Ángel se remonta a la llegada de los hermanos Juan y Bartolomé Pérez de la Calle, provenientes del Reino de León, en España. Su padre, Juan, se casó con María Teresa en 1703, hija del rico propietario don Juan Vélez de Rivero. De igual forma, su tío Bartolomé se unió con Mariana en 1706, hija de la familia Toro Zapata, descendiente de conquistadores. Ambos llegaron a principios del siglo XVIII y, como varios españoles sin recursos y en busca de fortuna, se unieron con mujeres de la élite local, ofreciendo su apellido y abolengo como principal activo, mientras las familias criollas aportaban sus recursos económicos. Estas alianzas familiares fueron decisivas para situar a los De la Calle dentro de los círculos de poder local y prepararon el camino para nuevas formas de ascenso social mediante el matrimonio y la acumulación patrimonial.

Imagen recreada del Envigado colonial del siglo XVIII.
Imagen recreada del Envigado colonial del siglo XVIII.

Matrimonio, dote y capital familiar

Francisco Ángel de la Calle fue vecino de Medellín, donde contrajo matrimonio con doña Gertrudis Sánchez, con quien tuvo siete hijos, entre los que se destacaron Francisco Miguel y los sacerdotes Alberto y Jerónimo, figuras importantes en la Provincia de Antioquia, a quienes patrocinó mediante la fundación de patrimonios con los cuales podían sostenerse. De igual forma, apoyó a su nieto, el también presbítero José Miguel de la Calle, intelectual importante de la élite local y líder de la independencia de Antioquia.
Su capital económico inicial provino de la herencia de su padre y de la dote recibida, por un total de $1.700 pesos, recursos que impulsaron sus actividades agropecuarias y mineras, así como su mayor estatus socioeconómico y su proyección en la política local (Archivo Histórico de Antioquia, AHA, Fondo Escribanos, testamento de 1770). Esta fortaleza de su patrimonio familiar, le proporcionó una base material para intervenir en la vida pública de la villa.

Recreación del patio interior de la que hoy es la Casa de la Cultura, en una escena del siglo XVIII.
Recreación del patio interior de la que hoy es la Casa de la Cultura, en una escena del siglo XVIII.

Carrera política en el Cabildo de Medellín

Su carrera política se inició en el Cabildo de la Villa como alcalde ordinario en 1733 y durante varios años (1740, 1748, 1749, 1762, 1764 y 1765). Fue procurador en 1742 y depositario general en 1752. Desde su posición, ordenó asuntos como las visitas anuales de pesas y medidas a los establecimientos, el arreglo de calles, el control del papel sellado y las relaciones de las cuentas de propios, entre otros.
Este desempeño demostró su capacidad para intervenir en decisiones administrativas que afectaban la organización de la villa y la continuidad en sus descendientes: primero, con su hijo don Francisco Miguel, quien obtuvo en 1774 la alcaldía de la Santa Hermandad (Archivo Histórico de Medellín, actas del cabildo) y luego, con su nieto José Miguel de la Calle, presbítero y líder de la independencia de la Provincia de Antioquia como gobernador. La autoridad adquirida en el cabildo se articuló, a su vez, con la ampliación de sus bienes urbanos, mineros y rurales.

José Miguel de la Calle, presbítero y líder de la independencia de la Provincia de Antioquia como gobernador. Imagen suministrada por el autor, de un cuadro del Centro de Historia de Envigado, pintado por Julio Jaramillo Restrepo.
José Miguel de la Calle, presbítero y líder de la independencia de la Provincia de Antioquia como gobernador. Imagen suministrada por el autor, de un cuadro del Centro de Historia de Envigado, pintado por Julio Jaramillo Restrepo.

Formación de su patrimonio económico

Luego de su matrimonio, don Francisco compró una casa en el marco de la villa de Medellín en 1734, con el fin de afianzar su presencia como miembro de la élite, su participación en el cabildo y sus negocios de minería y agricultura.
De esta manera, en la década de 1740 compró esclavos y algunas minas en el Valle de los Osos y participó junto con otros destacados mineros en la primera sociedad por acciones conocida para explotar las minas de veta en el cerro Buriticá en 1777.
Por otro lado, compró una gran extensión de terreno en Envigado, ubicada entre la quebrada Zúñiga y La Doctora, hasta la cumbre y el alto de Romeral (AHA, escribanos). Además, obtuvo algunas mercedes de tierras en inmediaciones de las quebradas Yura y El Salado, jurisdicción de Medellín, aprovechando su posición en el cabildo de la villa (Archivo General de la Nación, fondo Tierras de Antioquia). Así, su influencia política se tradujo también en control territorial, especialmente en zonas rurales estratégicas para la expansión económica y el poblamiento.
Estas actividades utilizaron esclavos y una combinación de mazamorreros (mineros independientes), mulatos y arrendatarios libres, a quienes cedía pequeñas parcelas a cambio de agregación y trabajo. Así se evidencia en el padrón (censo) de Medellín de 1777, según el cual don Francisco era dueño de 24 esclavos: 12 varones, de los cuales ocho eran mayores y cuatro menores y 12 mujeres, ocho mayores y cuatro menores (Archivo Histórico de Antioquia, tomo 339). De esta manera, el poder económico de la élite colonial también se sostuvo sobre relaciones de dependencia, coerción y desigualdad. Este entramado económico y social ayuda a explicar por qué su hacienda en Envigado pudo convertirse, además, en un punto de referencia religioso y comunitario.

Recreación del Envigado colonial del siglo XVIII.
Recreación del Envigado colonial del siglo XVIII.

Eje social y moral de la comunidad

Este poder político y económico se proyectó también sobre el territorio rural de Envigado a través de su hacienda de campo, ubicada en la loma de San Rafael y de la construcción de la primera capilla católica en 1750. Esta fue determinante en dos sentidos: por un lado, incentivó el trabajo y el poblamiento local, por otro, el templo dedicado a Nuestra Señora de los Dolores sirvió como centro religioso de influencia y control social para aproximadamente 400 habitantes, quienes vivían apartados y con serias dificultades para desplazarse hasta la Villa de la Candelaria (Medellín) para oír misa y recibir sacramentos. Al centralizar los servicios religiosos en su hacienda, De la Calle se convirtió en uno de los principales ejes sociales y religiosos de la comunidad rural. De esta forma, la dimensión religiosa completó su influencia sobre el territorio, al vincular patrimonio, poblamiento y vida comunitaria.

Conclusión: legado en la formación de Envigado

En este sentido, la trayectoria de Francisco Ángel de la Calle permite observar cómo la formación de Envigado fue inseparable de las redes familiares, económicas, políticas y religiosas que organizaron el territorio colonial.
El nuevo centro urbano de 1776 fue resultado de su presencia, al igual que la participación de otros personajes desconocidos. Su estudio permite analizar la manera en que la élite local, con apoyo de sectores sociales populares, forjó el sur del Valle de Aburrá.

*Historiador de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, ex presidente del Centro de Historia de Envigado, actual consejero Municipal de Cultura en representación del sector de Patrimonio y miembro del Consejo Territorial de Planeación (CTP).

El Envigadeño
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