El asesinato de Gaitán convierte la ciudad en estruendo. Débora escucha la radio y pinta en caliente: tranvías volcados, turbas, saqueos, tanques, el cuerpo arrastrado, el clero presente. No hay partidismo, hay memoria urgente. La acuarela condensa el instante en que el orden simbólico colapsa: la historia irrumpe como ruido y fuego. Lejos de ilustrar una crónica, la obra fija un punto de no retorno para su ética expresionista: el arte como conciencia contra el olvido. Desde aquí, su bestiario político y sus alegorías leerán la república con una lucidez que la historiografía tardará décadas en reconocer. Pintar oyendo radio: velocidad de testigo, precisión de símbolo.
* Publicación realizada de manera colaborativa entre El Envigadeño y la historiadora Sara Fernández Gómez, quien hizo el guion y las reseñas de las obras que publicaremos durante los 24 días.
Imagen tomada del catálogo del Museo de Arte Moderno de Medellín.






