Por Edgar Hernando Restrepo Gómez*
Fotos suministradas por el autor.
Como vimos en el artículo anterior (https://elenvigadeno.com.co/familia-y-poder-en-envigado/), la sociedad envigadeña en el siglo XVIII estuvo enmarcada por las alianzas familiares y la construcción de una parentela que se fue forjando a lo largo de los años y estableciendo un dominio económico sobre el territorio.El siguiente paso de esta élite monopólica y dominante fue el acceso al poder político identificado en el cabildo de la Villa de la Candelaria de Medellín. Para ello utilizaron su poder económico para comprar varios cargos, igualmente para establecer la red de parientes y relaciones de influencia que les permitieran acceder a las decisiones más importantes de la villa, como fueron las mercedes de tierras, las concesiones de minas, el control y la participación en el comercio interprovincial.

¿Cómo obtuvo la élite local el poder político?
Así lo explica el historiador Pablo Rodríguez: “los requisitos de posición social calidad y patrimonio para ocupar los cargos del cabildo se determinaron que recayeron en personajes de las mismas familias. Su investidura se considera un honor que pertenecía por derecho a los vecinos beneméritos, limpios de malasangre y con hacienda en el valle…el monopolio de los cargos del cabildo de Medellín lo poseía una familia o un grupo de familias que actúan como una unidad. Distintos vínculos, establecidos principalmente a través de matrimonios, habían unido a las familias benemérita de la villa” (De la Candelaria de Medellín, El Calor de Hogar en la vieja Villa de la Candelaria, Historia de Medellín, Tomo I, 1996. Ibid. página 124).
Por elecciones, previamente acordadas entre parientes y la compra de los oficios capitulares entre las familias como los Zapata Gómez de Múnera, Toro y Serna gozarían a partir de 1692 de una prolongada y eficaz influencia en los asuntos de la villa”, como lo describe el historiador Luis Miguel Córdoba Ochoa, en su libro De la quietud a la felicidad. La Villa de Medellín y los Procuradores del Cabildo entre 1675 y 1785 (página 84).
El control del cabildo de la villa por parte de un clan familiar y su red de parentela permitiría una mayor influencia en las actividades comerciales, de agricultura y minería. De esta manera podían florecer más rápido y evitar que otros miembros de familias rivales se ubicaran en puestos claves y poder así, orientar las decisiones sobre el uso de los recursos del Valle de Aburrá.

¿Para qué el poder político? Para proteger sus intereses como por ejemplo la poderosa parentela de la familia Zapata Gómez de Múnera, Molinas y Castrillones que buscó a través del Cabildo defender sus intereses mineros y esclavistas de la centralidad española y sus gobernadores en la provincia (Rodríguez, Pablo Cabildo y vida urbana en la Medellín colonial, 1675-1730, página 105).
¿Cuáles miembros de la élite local ocuparon cargos políticos en la Villa?
Se pueden rastrear algunos miembros al principio del desarrollo de la Villa como Lucas de Ochoa y López Alday, quien se casó con Isabel, hija de don Juan Zapata Toro, primogénito del español Don Antonio Zapata y quien construyó una parentela sólida mediante enlaces con recién llegados españoles que ocuparon cargos en el cabildo (Rodríguez, P. pág. 115).
Este personaje fue de los primeros que ocupó los terrenos de Envigado del cual descienden los Ochoa y es mencionado como ascendiente por el filósofo Fernando González. Cuando recién llegó a la villa de Medellín en 1690 adquirió por remate el cargo de mayor lustre e influencia social en el cabildo, el alférez real. Obtuvo el título con el pago de $1.500 pesos que recibió en dote de su suegro Juan Zapata Gómez de Múnera. Ochoa dejó el cargo al primo de su esposa, Pedro de la Serna Palacio.
Juan Vélez de Rivero fue otro personaje clave en la sociedad envigadeña, pues perteneció al cabildo y obtuvo cargos de poder político. Empezó como procurador en 1687, pasó a la alcaldía menor en 1694 y finalmente en 1711 obtuvo la alcaldía de primer voto. Hizo carrera de cargos en el cabildo a igual que otros personajes y sus yernos españoles, Alonso de Restrepo y Juan Pérez de la Calle. Los diferentes cargos eran dignidades que daban lustre al apellido y ascendiente familiar y social.

Otro miembro de la sociedad envigadeña fue Don José Antonio de Isaza Atuesta (anteriormente Isasi), quien ocupó el cargo de gobernador en 1712 y otros cargos a lo largo del siglo XVIII en el Cabildo de la villa. Continúa su hijo don José Antonio Isaza Pérez, relevando a su padre en el poder local como alcalde de la Santa Hermandad en 1757 y el fomento del centro urbano y futura ciudad de Envigado con la venta a diferentes personas de varios lotes ubicados alrededor de la nueva plaza.
De igual manera intervino y participaron del poder político Don Vicente de Restrepo Peláez y sus yernos. “La influencia de familias y grupos en el cabildo puede medirse por los resultados de las elecciones para alcalde, procurador y hermandarios en el curso de este período, como dice Beatriz Patiño Millán, en su texto Elites empresarios y fundadores (2003).
Don Vicente fue minero y comerciante, con cargos en el cabildo de la Villa de la Candelaria de Medellín: alcalde de la Santa Hermandad (1756, 1784 y 1804), procurador general (1763), alcalde ordinario de segundo voto (1768), Procurador general (1782), alcalde ordinario primer voto (1783) y Procurador general (1807).

Sobre estos miembros de la élite envigadeña, varios ocuparon cargos en el Cabildo o pertenecieron a parentelas y clanes de familias hegemónicas, como dice el historiador Rodríguez, donde 73 personas, durante 56 años (1675-1730), ocuparon las alcaldías mayor y menor, fueron procuradores y alguaciles, entre otros cargos. Estos constituían, fundamentalmente, el grupo de beneméritos fundadores de la villa, sus primogénitos y parentela, que normalmente incursionaban en el Cabildo.
*Historiador de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, ex presidente del Centro de Historia de Envigado, actual consejero Municipal de Cultura en representación del sector de Patrimonio y miembro del Consejo Territorial de Planeación (CTP).




