Por Jaime Alberto Palacio Escobar*
Los ciudadanos que pasaban por la puerta del Almacén Gloria hace unos días observaban poca mercancía en las estanterías y, al enterarse de su inminente cierre, se preguntaron por qué, qué pasó, cómo es posible que uno de los más emblemáticos se nos vaya a ir de la memoria colectiva, pues está entre los establecimientos apreciados por todos. Ya hoy, cuando se publica esta nota, está cerrado. La historiografía dice que don Horacio Ruiz abrió un almacén en septiembre de 1957, lo llamó Gloria en reconocimiento a su hija recién nacida por aquellos meses.

En los 69 años de permanencia, de los cuales más de cuarenta estuvo bajo la administración de Diego y Eduardo hijos del fundador, se instaló en la percepción de los lugareños como uno de los más importantes de la ciudad por el surtido variado, los precios, la atención, la ubicación y el servicio amable de todo el personal con la presencia permanente de sus propietarios. Se podría decir que, en la época del comercio de variedades y textiles en Envigado, el Gloria hizo historia y se distinguió entre tantos que, en un ámbito de cinco o seis manzanas en el centro del municipio, conformaron una verdadera ruta comercial.
Sería difícil encontrar a un envigadeño que en algún momento de su vida no haya entrado, preguntado por un producto y lo comprara a entera satisfacción. Ni que decir de las inmensas adquisiciones de regalos de navidad y uniformes escolares que se hacían allí dadas las buenas condiciones que se ofrecían. En eso los hermanos Ruiz fueron maestros a la hora de pensar en todos los clientes, sus gustos y su capacidad de pago.

En las anteriores décadas se cerraron otros que también tuvieron su historia y amplias repercusiones en la dinámica comercial del centro del municipio. Hoy de todos ellos solo quedaban el Gloria y el Almacén Sonia que permanece, (no incluyo aquí La Corona, aún vigente, por tener un formato y oferta diferente). Indudablemente que es un ciclo que poco a poco llega su fin, dada la presencia incontenible del importado, de otras ofertas y, seguramente, de otros gustos de los nuevos consumidores.

Pasar por la puerta del Gloria, ver el almacén cerrado y con letreros de Se arrienda, conmueve y, de verdad, produce un sentimiento de tristeza, porque su existencia siempre fue importante en la vida social de Envigado. Lo vamos a extrañar, pero igual recordaremos a don Horacio, a Diego y a Eduardo como verdaderos apóstoles del comercio y del servicio incondicional a la ciudadanía que con mucha frecuencia los visitaba. Trascendental recordar aquí la afirmación lapidaria de Diego al recibir en representación de la familia la distinción “Envigadeño ejemplar” categoría trayectoria empresarial en 2021: “el almacén Gloria es patrimonio de los envigadeños”.
* Envigadeño raizal, nacido en 1958. Autor de los libros: Al final de cuentas, qué hacemos en Gestión Humana (2008); La paz laboral, costo o inversión (2012); Envigadeñas (2021) y 150 años después –Julio Vives Guerra-. Colaborador habitual de la revista La Vitrola y de El Envigadeño Medio de Comunicación, publicaciones de Envigado.






