El valle de las ‘locas’

Por Juan Carlos Luján Sáenz*
Fotos suministradas por el autor
No recuerdo el nombre del libro en que Fernando Vallejo narraba que por el Día de la Santa Cruz —que el mundo católico celebra el 3 de mayo—, la quebrada Santa Elena cambiaba de nombre y se convertía en la “Loca”. Claro, por cuenta de las abundantes lluvias de mayo, el agua que chorreaba por las laderas de Medellín iba a parar a las quebradas y una de ellas, la Santa Elena, dejaba de lado su apacible aspecto para convertirse en una señora malhumorada y gritona que arrastraba lo que se encontrara por delante. Bueno, La Loca como tal también existía (corre por el Centro de la ciudad, ahí por el parque de Bolívar), pero no sabemos si con autorización o sin ella le cedía por minutos u horas el nombre a su “colega” de mayor caudal para que demostrara su furia, poderío y valentía en la que era conocida como la creciente de la Santa Cruz.

¿Peligrosas las quebradas? ¡Peligrosos los seres humanos! Las quebradas lo único que han hecho los últimos años es anunciarnos la magnitud del daño que experimenta el planeta por la intervención nuestra. Foto Cortesía del autor.
¿Peligrosas las quebradas? ¡Peligrosos los seres humanos! Las quebradas lo único que han hecho los últimos años es anunciarnos la magnitud del daño que experimenta el planeta por la intervención nuestra. Foto Cortesía del autor.

Y es lo que ocurre por estos días (¿o será por estos meses y años?) en Medellín y su Área Metropolitana. Debido a diversos aspectos, como la habitual temporada de lluvias, el cambio climático o el fenómeno de La Niña, los últimos meses han sido de una permanente zozobra para diferentes sectores del Valle de Aburrá, caso concreto los corregimientos de San Antonio de Prado, Altavista y San Sebastián de Palmitas (Medellín), los municipios de Itagüí, Sabaneta y La Estrella (todos en el sur) y el sector de Villatina (Medellín), este último con el fantasma de la tragedia que en 1987 sepultó allí a más de 500 medellinenses. Además, se ha vuelto habitual empezar a notar cómo el cielo se oscurece, los truenos anuncian la llegada del temporal, la lluvia se descarga y las ambulancias empiezan a sonar. Y la gente a rastrear en los medios o en las redes cuál fue la consecuencia del aguacero.
¿Peligrosas las quebradas? ¡Peligrosos los seres humanos! Las quebradas lo único que han hecho los últimos años es anunciarnos la magnitud del daño que experimenta el planeta por la intervención nuestra. Canalizaciones y rectificaciones, cubrimientos, cauces de cemento, construcciones cerca de sus riberas y basuras que se lanzan a sus aguas, sumados al aumento exponencial de las precipitaciones y a las condiciones topográficas del Valle de Aburrá (el agua se derrama de las laderas), hacen que se geste la “tormenta (¿o creciente?) perfecta”: avenidas torrenciales que se repiten, a lo que se suma que “desde 1996 estos eventos extremos han aumentado su frecuencia e intensidad en Antioquia, y se espera que estos valores sigan creciendo”, como se especificó en una nota publicada en el portal de noticias de la Universidad de Antioquia a partir de un informe de 2022 del Sistema de Alerta Temprana (SIATA) del Valle de Aburrá.

Debido a diversos aspectos, como la habitual temporada de lluvias, el cambio climático o el fenómeno de La Niña, los últimos meses han sido de una permanente zozobra para diferentes sectores del Valle de Aburrá. Foto Cortesía del autor.
Debido a diversos aspectos, como la habitual temporada de lluvias, el cambio climático o el fenómeno de La Niña, los últimos meses han sido de una permanente zozobra para diferentes sectores del Valle de Aburrá. Foto Cortesía del autor.

Las quebradas y su padre, el Río Aburrá, se están manifestando. ‘Censuradas’ por la acción humana durante décadas, alzan su voz y prometen mantener su protesta. Urgen planes por parte de las autoridades para hacerle frente a situaciones climáticas extremas que logren evitar otras muertes, desapariciones y desplazamientos. ¿Qué hacer entonces para evitar que más de 4.000 quebradas que conforman este sector del departamento y en el que vive cerca del 61 % de la población de Antioquia, se conviertan en cientos de ‘locas’ que se lanzan despavoridas por las montañas del Aburrá? Lo primero es no desfinanciar las entidades que se encargan del monitoreo del clima. Lo segundo es abordar el asunto desde un punto de vista estructural en el que se unan los sectores público, privado y la academia para entregar soluciones que prioricen a los seres humanos por encima del dinero y de intereses particulares. ¿Será pedir mucho?
¡Ah! Y no sobra la aclaración: ni la culpa es de la naturaleza ni de las cientos de ‘locas’. Antes, aunque también se enloquecían, sus tiempos de ‘cordura’ y de buen humor eran más prolongados.

*Más periodista que comunicador. Hincha del DIM, del fútbol, de la salsa y de las historias. Papá, esposo y profe de Periodismo. Egresado de Comunicación Social-Periodismo de la U. de A. y de EAFIT, de la Especialización en Comunicación Política y de la Maestría en Comunicación Transmedia. Reportero, editor e hijo de barrio. Me dicen el loco de las quebradas.

El Envigadeño
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