A 20 años de la muerte de Débora Arango, Óscar de Jesús sigue siendo su guardián en Casablanca

Por Karen Londoño Muriel*
Este 4 de diciembre de 2025 se conmemoran los 20 años de la muerte de la artista envigadeña Débora Arango y, si bien, desde El Envigadeño venimos recordándola desde el pasado 11 de noviembre (fecha de su natalicio), existe una persona que la evoca más que nadie y en cuya memoria Débora está más viva que nunca.Óscar de Jesús Hernández llegó a Casablanca cuando tenía 15 años y desde entonces no ha salido. Hoy tiene 65 años, su cuerpo y sus labores han cambiado, pero lo que permanece igual son su lealtad y cariño hacia esa mujer que alguna vez confió en él, lo mimó y convirtió en parte de su familia, en un testigo y compañero desde la intimidad de su hogar.
Hoy en día, mientras recorre los jardines de Casablanca para regar las plantas, podar los arbustos, cuidar las orquídeas y cortar el césped, Óscar recuerda cuando, siendo casi un niño, llegó hasta ese lugar para realizar tareas de limpieza.

Óscar de Jesús Hernández sigue al servicio de Casablanca, cuidando el legado de Débora Arango.
Óscar de Jesús Hernández sigue al servicio de Casablanca, cuidando el legado de Débora Arango.

“Yo sabía que era la casa de una artista, pero no tan famosa”, recuerda con cariño. “En ese entonces las piezas eran entapetadas y venía una vez al mes para aspirarlas. Otro día en el mes venía a tratar de limpiarle los baños, a hacerles el aseo a las galerías de los cuadros y a lavarles las pocetas”, añade el hombre que hoy lleva un traje que indudablemente demuestra que es el encargado de los jardines de la casa y taller de Débora Arango.

Casablanca es parte de la vida de este hombre, quien a lo largo de los años sigue cuidando el jardín, la memoria y las orquídeas, varias sembradas por la misma Débora Arango.
Casablanca es parte de la vida de este hombre, quien a lo largo de los años sigue cuidando el jardín, la memoria y las orquídeas, varias sembradas por la misma Débora Arango.

La entrega de Óscar y la confianza de Débora

A medida que Óscar crecía y se ganaba la confianza de la maestra, la relación se profundizaba. Para el hoy jardinero de Casablanca, con Débora la vida “era muy tranquila” porque nunca lo “atosigó con trabajo”, lo que le permitió una entrega a sus labores con un compromiso que con el tiempo se tradujo en una relación casi que familiar.
Animado por haber aprendido a cuidar de las plantas, pronto Óscar pasó de limpiar y aspirar a desyerbar y arreglar la huerta de la artista, compartiendo con ella ese amor por la naturaleza, especialmente por las orquídeas, las mismas que aún acompañan el palo de mango que hay en Casablanca.

El pasado 11 de noviembre, día del Natalicio de Débora Arango, el Concejo de Envigado le hizo un reconocimiento a Oscar. En la foto, de izquierda a derecha, Lucas Gaviria, presidente del Concejo; los concejales María Teresa Alvarez, Juan Diego Alvarez, Gonzalo Mesa y Leo Alzate; a continuación Dolly Quintero, secretaria del Concejo; Ana Isabel Rivera Posada, directora de El Envigadeño y al centro, Óscar de Jesús Hernández.
El pasado 11 de noviembre, día del Natalicio de Débora Arango, el Concejo de Envigado le hizo un reconocimiento a Oscar. En la foto, de izquierda a derecha, Lucas Gaviria, presidente del Concejo; los concejales María Teresa Alvarez, Juan Diego Alvarez, Gonzalo Mesa y Leo Alzate; a continuación Dolly Quintero, secretaria del Concejo; Ana Isabel Rivera Posada, directora de El Envigadeño y al centro, Óscar de Jesús Hernández.

Y si el mundo conocía a una Débora implacable y crítica, que pintaba el dolor y el esfuerzo de la gente, además de la tragedia de la vida, en la intimidad de su casa, Débora revelaba un lado de profundo afecto, el mismo del que Óscar fue testigo.
“Ella me decía ‘so, puta, sé que vas a llorar cuando me muera’. Yo le respondía ‘que voy a llorar, yo no voy a llorar por usted’”, pero mientras Óscar recuerda esas palabras un par de lágrimas se escapan de sus ojos y su voz se quiebra.

Sólo hablar de Débora y a Óscar se le chocolatean los ojos. Siempre llora con emoción por todo lo que ella representa en su vida.
Sólo hablar de Débora y a Óscar se le chocolatean los ojos. Siempre llora con emoción por todo lo que ella representa en su vida.

Tiene motivos no solo para recordar a la artista con amor, respeto, nostalgia y agradecimiento. Mientras recorre los pasillos de la casa que compartió con Débora y su familia, recuerda que cuando a su mamá le pidieron el lugar donde vivían, fue su jefe, esa mujer menuda y amante de las orquídeas quien movió la tierra, le consiguió un terreno y le construyó una casa.
“Yo no es que quiera llorar. Me quiero controlar, pero mire…”, confiesa Óscar con la dificultad para hablar que solo tiene una persona que está completamente conmovida.

Débora, la cómplice

Óscar recuerda con claridad los gestos de la maestra que demostraban la conexión inusual que compartían. A veces, Débora lo llamaba para que descansara y se sentara con ella a ver el jardín. Le cogía la mano y, con un amor que él califica de “sublime”, lo contemplaba. Incluso Lucila, hermana de Débora, lo llamaba desde el corredor para que se sentaran juntos a ver la película (telenovela).

Para el hoy jardinero de Casablanca, con Débora la vida “era muy tranquila” porque nunca lo “atosigó con trabajo”, lo que le permitió una entrega a sus labores con un compromiso que con el tiempo se tradujo en una relación casi que familiar.
Para el hoy jardinero de Casablanca, con Débora la vida “era muy tranquila” porque nunca lo “atosigó con trabajo”, lo que le permitió una entrega a sus labores con un compromiso que con el tiempo se tradujo en una relación casi que familiar.

Pero en Débora no solo encontró una jefe preocupada y una compañera para las tardes de novelas. Ella, la artista que tallaba las vigas de madera de su casa y pintaba los zócalos, también fue su cómplice cuando, en medio de las labores de limpieza, sin querer, Óscar dañaba algo o se encontraba con un daño oculto por ahí.
“Sacudiendo las piezas de las paredes quebré algo que ella había hecho, Elvira se puso furiosa y yo no sabía cómo ponérsela, Débora estaba tranquila, pero Elvira estaba furiosa”, recuerda entre risas Óscar, agregando que para arreglar el daño “busqué una repisita con un santico y se lo puse en el corredor, con eso medio la embolaté para que se le quitara la furia a Elvira”.
Y no fue el único que le hizo daños a la maestra, según cuenta Óscar, “Lucila (hermana de Débora) era una quebrona. Había veces que encontraba cosas quebradas por Lucila, ella quebraba cosas y las pegaba con goma, pero cuando yo estaba sacudiendo, me aparecía a mí el daño”.

Momento en el que le fue entregado el reconocimiento por parte del Concejo de Envigado, durante el homenaje del natalicio de Débora Arango, el pasado 11 de noviembre, en Casablanca.
Momento en el que le fue entregado el reconocimiento por parte del Concejo de Envigado, durante el homenaje del natalicio de Débora Arango, el pasado 11 de noviembre, en Casablanca.

Un legado visto desde el jardín

Óscar de Jesús Hernández puede no ser experto en técnicas de pintura y tallado, pero su trabajo y permanencia en Casablanca representan la conexión vital entre el legado de la maestra Débora Arango Pérez y su vida privada.
Su testimonio nos recuerda que la mujer que se aisló en esa casa del barrio San Marcos debido a las amenazas y presiones por su arte, calificado de impúdico e inmoral, también fue una persona capaz de un cariño inmenso y una paciencia notable. Los casi 40 años que Óscar pasó al lado de la maestra, cuidando su jardín y sus orquídeas, son un testimonio vivo y radical de ese espíritu crítico y sensible.
Hoy, cuando su obra sigue siendo un hito de la historia moderna de Colombia y desafía el statu quo, la memoria de Óscar nos invita a seguir reconociendo la irreverencia, la ironía y el sentido del humor de la artista.
Cerrando este mes de evocación y honores a la artista envigadeña, que incluyó la sesión descentralizada del Concejo de Envigado y charlas con expertas, además de la publicación de una serie de 24 obras, una diaria, para sumergirnos en el mundo de Débora Arango, nos encontramos con Óscar, el hombre que pasó de ser un adolescente buscando empleo a convertirse en un testigo fiel de la vida cotidiana de una de las figuras más transgresoras del país.

*Periodista, comunicadora social y escritora envigadeña. Autora de la novela ‘Indeleble’ y colaboradora en la serie de relatos sobre el territorio ‘A morar la casa’.

El Envigadeño
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