Una puerta entreabierta, un cuerpo que decide. Salir no es traición a la fe, es rechazo del régimen que reduce la vida a obediencia. Débora usa el motivo conventual para hablar de toda disciplina que sofoca: lo sagrado como arquitectura de poder. La fuga es una tesis plástica, la libertad no es abstracción sino gesto situado. En continuidad con sus escenas de clausura, la artista insiste en que la espiritualidad sin cuerpo se vacía y que el cuerpo sin libertad se enferma. La pintura coincide con su programa general: mirar, pensar, desobedecer cuando es preciso.
* Publicación realizada de manera colaborativa entre El Envigadeño y la historiadora Sara Fernández Gómez, quien hizo el guion y las reseñas de las obras que publicaremos durante los 24 días.
Imagen tomada del catálogo del Museo de Arte Moderno de Medellín. S.f. significa sin fecha.




