Aquí confluyen todos los tabúes: desnudos no idealizados, pintados por una mujer, con vello púbico visible y energía expresionista. La mujer de Adolescencia no es la figura arquetípica de la academia, es una joven real, deseo y pudor en tensión. La reacción fue feroz porque desplazaba tres umbrales: el papel asignado a la artista mujer, la estética del desnudo higienizado y la frontera entre arte y moral. En la superficie pictórica se vuelve visible lo que la ciudad no quería nombrar. De ahí que el debate desbordara lo plástico para convertirse en asunto público: la crítica de arte se volvió plebiscito de gusto, con repercusiones en instituciones y prensa. La pieza demuestra que la forma —no el panfleto— es el lugar de la crítica más incisiva.
* Publicación realizada de manera colaborativa entre El Envigadeño y la historiadora Sara Fernández Gómez, quien hizo el guion y las reseñas de las obras que publicaremos durante los 24 días.
Imagen tomada del catálogo del Museo de Arte Moderno de Medellín.




