Por Jaime Alberto Palacio Escobar*
Todo aquel que siente gusto por la música latina sabe quién es Sergio Rendón o mejor, él conoce a todos los que disfrutan este género musical. Ha sido anfitrión por muchos años, primero en la Cueva, luego en el Son de la Loma y ahora en el Sentimiento Gaucho 1924. para acompañar al encuentro de todos sus visitantes con el inmenso repertorio derivado del son cubano hacia la mayúscula propuesta de música urbana llamada salsa.
Escucharlo hablar es ni más ni menos que sentir la energía de un poeta que escudriña en la palabra, en el sonido todo lo que dignifique una búsqueda de amistad, de convivencia, de cofradía de unos con otros en torno a una propuesta sonora que, al final de cuentas, aglutina a todos los que sienten la misma identidad.
Salsa, la expresión del barrio
Bastó preguntarle por la salsa, para responder de manera taxativa: “máxima expresión del barrio latino, lo que los identifica en el mundo”. Esa afirmación soltada al desgaire, resume la concepción de vida de Sergio, al ponderar esa música desarrollada con mucha fuerza en New York, desde el ímpetu, la sensibilidad y la necesidad de expresarse del boricua hacia la capital del mundo.
En el barrio de los latinos – en cualquier lugar del mundo- la salsa les sirve para cantar, soñar y expresar lo que son como comunidad de raíces comunes. Sí, el barrio, esa conjunción de sensaciones, de ideales, de solidaridad frente a las carencias, de micro culturas que se conectan para construir una cultura que los identifique. Ese es el hallazgo fundamental de Sergio con la salsa. Una cultura de sonoridades, poemas y ensambles musicales para hacer sonada en el barrio, en esa esquina del barrio, donde todos son uno.

Salsa, la misión de Sergio Rendón
Desde esta interpretación se dimensiona en su justa medida otra de sus valoraciones vitales, “la salsa es mi pasión y mi misión”. Al definirlo como misión se asume una conducta de vida que, con su inmensa fonoteca, más de 250.000 piezas musicales, trabaja intensamente “para que la desestigmaticen y no la relacionen ni con la violencia, ni con el mal”. Por el contrario, es la más fina manera que tienen los habitantes del barrio latino para decir: con la salsa somos uno en comunión con todos.
Momento para una bella reflexión. Sergio Rendón encontró en la salsa ese movilizador para hacer un apostolado, así sea desde el mostrador de un bar, desde el micrófono de la emisora Latina Estéreo o desde la columna de la revista La Vitrola. De estas maneras o desde otra que le gusta más: dejarse ver como “amistólogo” para llevar la alegría de la salsa a todos los rincones del barrio, de la ciudad, de la nación, del mundo.

Salsa y fútbol, hermanos
La salsa y el fútbol son sus sellos, la una tiene con la otra un mismo origen y quizás un mismo destino: expresiones barriales, encuentros de calle, unos con los cueros y los vientos, otros con la pelota. Ambos llevan a sus cultores a una alegría desbordante que los pone en el mismo sentimiento de Sergio: el encuentro con una pasión que no tiene límites, ni para dejar pasar las horas con un vinilo detrás de otro, ni para ir a otra ciudad a ver a su equipo del alma. Con este maravilloso ser la conjunción se vuelve un trío como si tuviera la más profunda advocación religiosa: la salsa, el fútbol y su amado DIM. Con la primera se identifica plenamente con piezas musicales como El Todopoderoso de Héctor Lavoe; El Nazareno de Ismael Rivera y El Buen Pastor de Raphy Leavitt. Con la segunda, el balón bien tocado como cuando lo hacía de central en su recordado equipo El Faro de Envigado. Y con el tercero, el título inolvidable ante el rival de plaza por allá en los primeros años de este siglo.
Sergio Rendón, un amigo fiel
Por su profunda religiosidad que lo eleva al encuentro espiritual con lo divino, su esperanza en la sincera amistad y en el respeto por el otro, espera que el día de su partida suene El Consolador de Richie Ray, para que los que lo acompañen a su última morada canten a coro: el consolador “es un amigo fiel en la tristeza y compañía en la soledad”.
Es que quien quiere dejar en su epitafio una verdad ineluctable de su ser:
“Simplemente un hombre simple,
Sencillamente un hombre sencillo.
Sinceramente un hombre sincero”
Nos deja entrever que él, Sergio Rendón, es un poeta de esos que todavía se ven, en la esquina del barrio.
Nota: El autor de esta nota agradece a Sergio Cardona por facilitar las instalaciones de su bar Sentimiento Gaucho 1924, para la especial conversación que originó esta semblanza.
*Envigadeño raizal, nacido en 1958. Autor de los libros: Al final de cuentas, qué hacemos en Gestión Humana (2008); La paz laboral, costo o inversión (2012); Envigadeñas (2021) y 150 años después –Julio Vives Guerra-. Colaborador habitual de la revista La Vitrola y de El Envigadeño Medio de Comunicación, publicaciones de Envigado.




