Por Jaime Alberto Palacio Escobar*
Fotos suministradas por el autor.
Tomo prestado este subtítulo del libro “Crónicas de Envigado» publicado en 2025 en el que hay 50 historias: 26 relativas a la calle, a la esquina, a la vida, de y en los barrios y 24 con semblanzas de ciudadanos del municipio. Hago este préstamo para dedicar estas palabras a su reivindicación como fuente inagotable para encontrar los acontecimientos que les dan vida a las crónicas.
Sí, las historias están ahí, a la espera de quien las encuentre, las documente y las convierta en palabra escrita para bien de las comunidades lectoras y de la memoria histórica. El método para encontrarlas es uno: sólo hay que ir a la calle, a la esquina, caminar por el barrio, preguntar, conversar, buscar referentes entre los ciudadanos.
La base de la cultura
Si al barrio lo definimos como una conjunción de micro culturas originadas en las familias que los habitan, diríamos que la tienda, la farmacia, la carnicería, la iglesia, el bar, son esos sitios de tránsito y encuentro en los que la comunicación, la convivencia, también la contradicción y, eventualmente, la violencia, son los inductores de las creencias compartidas y comportamientos aceptados por unos y otros, como base de la cultura ciudadana que los caracteriza y diferencia.
Las crónicas son historias vivas porque sus generadores son seres humanos que en cada acontecimiento, fenómeno, interacciones y diálogos en las que son protagonistas o simplemente espectadores, dejan sus huellas en unos “guiones de vida” que alguien recoge y decide llevarlos a la palabra escrita.

La riqueza de la Ciudad Señorial
Envigado, por suerte, tiene unas historias tan ricas desde las contribuciones mayúsculas de los próceres tan importantes en la construcción de la República de Colombia, hasta los más sencillos pero ejemplares aportes de los ciudadanos que, en su diario vivir, se comunican, construyen significados, recuperan saberes y, al hacerlo, marcan su impronta para que en algún momento sean una historia para contar.
Así, la crónica es el vehículo para mantener la identidad del barrio. No se vale nada distinto si se le quiere proteger en los avatares del urbanismo moderno, del abrumador cambio de vocaciones originales hasta convertir las casas en toda suerte de oficinas y, hasta de cocinas ocultas tan usuales en la ola de la gastronomía a domicilio, para hoy ser aceptados como mixtos. Tampoco se escapa el campo, la conquista de las zonas rurales para grandes urbanizaciones en las que sus habitantes aprecian a Envigado sólo como una ciudad dormitorio.

Andar la calle y escuchar
La calle, sí, la calle es, en el diario vivir, la fuente primaria de las crónicas. Recorrerlas, conversar, observar, preguntar, confrontar datos, valorar evidencias son herramientas poderosas para hallar las historias que en algún momento serán contadas.
Comunidades con historias llenas de acontecimientos mantendrán la crónica como una cosecha imperecedera. Escritores como don Darío Ramírez Mejía en el pasado, John Saldarriaga, Ana Isabel Rivera Posada y Faber Cuervo actualmente, nos mostraron un camino para hacer de ese género una forma de recuperar la memoria y dejarla viva para generaciones venideras. El libro “Crónicas de Envigado” está matriculado en esa línea de encuentro con la identidad. Por esa vía seguramente habrá muchas más recopilaciones de historias para nuevas versiones a publicar.
*Envigadeño raizal, nacido en 1958. Autor de los libros: Al final de cuentas, qué hacemos en Gestión Humana (2008); La paz laboral, costo o inversión (2012); Envigadeñas (2021) y 150 años después –Julio Vives Guerra-. Colaborador habitual de la revista La Vitrola y de El Envigadeño Medio de Comunicación, publicaciones de Envigado.




