Por Jaime Alberto Palacio Escobar*
Tuve la fortuna de estar durante cinco años en industrias Haceb al lado de don Darío Valencia Echeverri, gerente general y de un maravilloso grupo directivo. Todo el escenario de la organización y la dinámica del trabajo estaban iluminados por un destello fulgurante desde una fuente inagotable de luz, de sabiduría y de vocación solidaria llamado José María Acevedo Alzate, a la sazón, propietario con su familia de la empresa.
Durante el tiempo que estuve al frente del proceso de gestión humana logré palpar, de primera mano, lo que significan la vocación y la entrega de un empresario por lo más preciado para él, sus trabajadores. Todo en Haceb estaba hecho en función de los cerc de 3.000 trabajadores, personas que, por supuesto, respondían con el máximo compromiso y empeño, con denuedo, para sacar adelante las exigentes metas de producción, las comprometedoras cifras de ventas, los estándares de calidad y, además, los mejores resultados para beneficio de todos los que hacíamos parte de esa organización: trabajadores; familias; proveedores; consumidores; gobiernos local, regional y nacional; comunidades circundantes y, claro, la familia accionista.

Los valores de don José María
Algunos podrán decir que esos valores con los que don José María concebía las relaciones con sus colaboradores eran valores cristianos, bien pudiera afirmarse que sí, pero pensados desde una profunda convicción, la doctrina social de la iglesia.
En esa perspectiva le cabría todo lo que por el bienestar y la calidad de vida se hacía en la gerencia de Don Darío Valencia, fiel intérprete del querer de don José María y de la junta directiva.

Esos 3.000 trabajadores fueron protagonistas de los resultados de un compromiso genuino al que, al final, le sobran adjetivos, en tanto la realidad desbordaba de manera significativa cualquier concepto y definición política.
Hoy, en el momento de su partida, pienso que empresarios de la estirpe de don José María, seguramente en este país ya no los hay. Entregarse a los otros sin condiciones no es exactamente una conducta muy común en estos tiempos aciagos con marcadas ausencias de propósitos inspiradores.
Por todo ello, no me queda más que afirmar que estoy convencido que don José María Acevedo es el último de los Mohicanos.

*Envigadeño raizal, nacido en 1958. Autor de los libros: Al final de cuentas, qué hacemos en Gestión Humana (2008); La paz laboral, costo o inversión (2012); Envigadeñas (2021) y 150 años después –Julio Vives Guerra-. Colaborador habitual de la revista La Vitrola y de El Envigadeño Medio de Comunicación, publicaciones de Envigado.




