Por Thomas del Castillo Mazo*
Todos los días, al levantarme y prepararme mi café, salgo al balcón y miro al municipio que me vio crecer, con su naranja cálido, su característico verde, el techo de sus iglesias, algunos rojos, verdes y cafés. Veo sus montañas que nos saludan y nos invitan a conocerlas. Veo las calles por las que he caminado, andado en bicicleta, leído, conversado y hecho amigos y me hago la pregunta que está rondando tanto en nuestra imaginación: ¿Cómo nos pensamos Envigado?

Esta pregunta, que no debería ser del todo resuelta y que ronda nuestros barrios en pro del Plan de Ordenamiento Territorial 2026-2036, me hace rememorar los tiempos en los que todos bajábamos al Parque con nuestras familias, yo jugaba en la cancha del San Lorenzo, subía trotando El Escobero con mi papá, iba al nacimiento de La Ayurá en El Vallano con mis amigos, acompañaba a mi abuela al cine del teatro Anaconas y ayudaba en las huertas de mi barrio La Paz, elevaba cometa en Las Antillas y me pregunto si el Envigado del que me enamoré seguirá existiendo. Y no lo digo porque no podamos volver a traer estas costumbres que nos hacían sentir envigadeños, lo digo puesto que muchas veces, en aras del desarrollo de nuestra ciudad, hemos cambiado tantas cosas.

Como joven, sueño un Envigado donde podamos ser envigadeños. Un Envigado donde disfrutemos de tertuliar en el parque, de un cafecito y un algodón de azúcar para los niños, donde el trabajo de los artesanos, teatreros, músicos, talabarteros y poetas llene de vida nuestro parque principal; un Envigado donde podamos sacar la bici, caminar, leer y hablar con nuestros amigos y amigas sin temor a ser sacados de los espacios por las autoridades, sin temor a ser acosados; un Envigado en el que podamos caminar en la montaña, disfrutar de fuentes hídricas y nuestras cuencas porque el camino es seguro, porque hay guardabosques y personas que cuidan estos lugares ancestrales; un Envigado en donde la participación ciudadana sea una responsabilidad legítima y nos sintamos felices de servir a la comunidad; un Envigado en el que se pueda denunciar las injusticias sin temor a ser perseguidos, un Envigado dónde la ruralidad se articule con lo urbano y podamos aprender todos sobre una vida más sostenible, un Envigado dónde los micro y medianos empresarios podamos prosperar y emplear a los demás.

Como joven, sueño con un Envigado orgulloso de ser envigadeño, un Envigado en el que todos podamos caber, un Envigado sin saturación urbana, uno que queramos cuidar, un Envigado que no luche contra sí mismo, donde aceptemos el amor y el cariño de nacer aquí. Que podamos disfrutar con nuestros hijos así como lo hicieron nuestros padres. Creo que la actualización del POT nos debe invitar a pensar: ¿A dónde queremos llegar?
* Comunicador social – periodista graduado de la Universidad Pontificia Bolivariana y estudiante de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional. A mis 27 años, he vivido toda mi vida en Envigado, el lugar donde mis padres y abuelos también crecieron. Actual presidente de la Plataforma Municipal de Juventudes, en la que escucho y represento las voces jóvenes de nuestro municipio.






