Entre sátiras políticas y escenas duras, también hay flores. No como evasión ingenua, sino como respiración del color y del ritmo. En su conjunto, la obra de Débora rehúsa el encasillamiento: del mural al azulejo, del desnudo a la naturaleza, del bestiario a la cerámica. Lo que persiste no es el tema sino el método: mirar sin adornos superfluos y convertir la forma en pensamiento. Estas flores, por eso, no cancelan la crítica, la equilibran, recordando que la experiencia estética también es pausa y atención a lo concreto. Multiplicidad como fidelidad a una sola ética.
* Publicación realizada de manera colaborativa entre El Envigadeño y la historiadora Sara Fernández Gómez, quien hizo el guion y las reseñas de las obras que publicamos durante estos 24 días que concluyen hoy, 4 de diciembre, cuando se cumplen 20 años de la muerte de Débora Arango Pérez.
Imagen tomada del catálogo del Museo de Arte Moderno de Medellín. Dice s.f, es decir, sin fecha.




