De Otraparte a Otraparte

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Por Jaime Alberto Palacio Escobar*
El hombre estaba parado en la esquina del costado suroccidental del parque principal de Envigado, a la espera del cambio del semáforo, para pasar al pasaje de la Alcaldía a tomar un café en el conocido bar Los Cuyos. En esos segundos de espera, miró atrás y vio un restaurante italiano con buena afluencia de comensales. Un chispazo de memoria lo devolvió en el tiempo y recordó que ahí estuvo hace más de cincuenta años un famoso bar llamado Otraparte, abierto por iniciativa de un grupo de envigadeños, que contaron con la aquiescencia del maestro Fernando González para su denominación.
Con el sorbo del primer café volvió a mirar el lugar como está hoy y de nuevo evocó el pasado, sólo que en ese momento tuvo otra inspiración: del otrora bar del parque, hay en línea, casi que recta aproximadamente un kilómetro, para llegar a la casa del filósofo, hoy convertida en Casa Museo Otraparte, surgida de la creación de una corporación privada promovida por algunos de sus descendientes. Al lado hay un café con el mismo nombre, muy frecuentado por jóvenes, adultos y grupos de contertulios.

El de la tertulia
El bar Otraparte del parque llamó la atención desde sus inicios por el concepto, el mobiliario y la decoración. En sus inicios se pensó en un lugar para el encuentro y la tertulia. Fue de la preferencia de muchos lugareños y clientes de Medellín, justo por ser un espacio natural para conversar, departir y hacer de la palabra la mejor oportunidad para comunicarse y dialogar respetuosamente con el otro. Esa vocación lo distanciaba de las otras heladerías aledañas, creadas sólo con el afán de la diversión. Sin lugar a dudas, fue una especie de centro de cultura.

Foto Cortesía Corporación Otraparte

Para el diálogo y el estudio
El café Otraparte de hoy vive una incesante explosión de conversaciones y diálogos de todo tipo, dado que, es concurrido por muy diversos clientes: estudiantes, jóvenes, empleados que desde ahí teletrabajan, adultos que hacen allí sus reuniones y, con mucha frecuencia, sesiones de tertulias, talleres de lectura o de cine. Es que la magia de la Casa Museo arropa el ambiente del café para propiciar el diálogo, el pensamiento, la escritura, la creación, la producción de conocimiento, o simplemente el silencio en un profundo aquí y ahora.
Los que fundaron el bar Otraparte hace varias décadas, seguramente sintieron que un lugar para el encuentro ciudadano que llevara ese nombre, debería tener una especie de ethos que identificara la conversación como la puerta de entrada a diálogos sensibles, estéticos, éticos, políticos. Los que forjaron el café al lado de la Casa Museo, vislumbraron que, con el tiempo, sería un original recinto de pensamiento, como lo ha sido siempre la casa del maestro Fernando González.

Foto Cortesía Corporación Otraparte

En Otraparte es Otraparte
El ciudadano sentado en Los Cuyos, al comparar las realidades de los dos sitios de encuentro, se le ocurrió pensar, que sin razones fácticas que lo hubieran propiciado, se olfatea una identidad cultural en la razón de ser de ambos: escenarios naturales para la expresión de los ciudadanos. Con esa frase recordó una afirmación que leyó en el libro Envigadeñas: “una sociedad que escucha es una sociedad que conversa; una sociedad que dialoga es la que llega a acuerdos, cuando hay acuerdos hay convivencia sana; si se convive se crece como comunidad” (tomado de Envigadeñas, Editorial Tresojas, 2021, pág. 134). Decidió caminar la distancia entre ambos. Entre un paso y otro, logró encontrar el sentido de una expresión usual en la casa mueso: En Otraparte es Otraparte.

*Envigadeño raizal, nacido en 1958. Autor de los libros: Al final de cuentas, qué hacemos en Gestión Humana (2008); La paz laboral, costo o inversión (2012) y Envigadeñas (2021). Colaborador habitual de la revista La Vitrola y de El Envigadeño Medio de Comunicación, publicaciones de Envigado.

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